Beetlejuice (1988)
Hawk Lane/Kyle Allen. [Requested by unique-mind]By: thejennire✦Send your request [x]✦ / Tags [x]
4 de Marzo, 2016
No me gustan los aviones. No me gustan los aeropuertos. Pero por sobre todas las cosas, no me gusta la forma en la que Prudence Lowry me mira.
Aquella señora de cabello blanco y ropa elegante saludó a mi madre con un abrazo y un beso en su frente. Nada más. El ambiente se hizo aún más tenso cuando se inició la presentación de rigor y volvió a posar sus ojos sobre mi, fríos y abrumadores. Sonreí como pude y le tendi mi mano, casi aliviada por evitar un abrazo, ella la estrechó.
“¿Arewyna? Que nombre más… peculiar.” Dijo antes de pedirle al hombre que estaba a su lado que se encargara de nuestro equipaje. No preguntó por mi padre y yo tampoco mencioné que vendría dentro de unos días. Él no estaba incluido en el trato y sus relaciones con esa señora no son las mejores.
Mi estómago se encogió en el mismo instante en que vi esa casa. Enorme, blanca. Gritaba que quienes vivían allí no debían preocuparse de cosas como contar monedas para pagar sus facturas. Me costó visualizar a mi madre viviendo allí. La expresión de su rostro no abandonará nunca mi mente. Parecía debatirse entre la melancolía, ligera emoción y ganas de huir. Probablemente yo parecía asustada, porque enseguida tomó mi mano y me sonrió.
Prudence no dejó de hablar mientras mostraba cada rincón de la casa, señalando los cambios que había hecho desde que mi madre se había ido y las nuevas fotos, de repente tenía tíos y primos a los que no había visto nunca.
Casi veinte años sin pisar ese sitio tenía mamá, ¿qué pasaría por su cabeza?
Me esforcé en traducir al lenguaje de señas todo lo que la mujer decía tan bien como podía, observando con cierta intriga los pocos e imperceptibles movimientos de su rostro. Finalmente, mi madre se retiró a dormir, agotada por el viaje y su condición. Prudence y yo nos quedamos solas y entonces apareció esa mirada otra vez. Parecía acusarme de algo. Era la misma que la que me dedicó mi padre cuando se enteró de que había respondido aquellas cartas.
Me acompañó hasta la que sería mi habitación, justo al final del largo pasillo. Allí estaban ya mis maletas y me pregunté cuándo las habían acomodado sin que nos diésemos cuenta. Mi abuela dijo algo de que me sintiera como en casa y cerró la puerta.
No puedo sentirme así. Soy una extraña indeseada en ese sitio. Pero me repito que eso es lo de menos y abro la maleta para empezar a desempacar.
Det er ingen plass som hjem.

28 de febrero, 2016
Estoy aterrada. Ya está, lo he dicho. Me aterra la idea de dejar Noruega, ¿pero qué más podía hacer? Mi madre se muere y el trabajo de mi padre ya no es suficiente, responder esas cartas a espaldas de mi padre eran la única opción desde mi punto de vista.
Siendo sincera, tampoco esperaba una respuesta tan pronta. Eran muy viejas, de hacía casi dos años, guardadas en una caja debajo del sofá. En ellas hablaba una tal Prudence Lowry; sólo había escuchado ese nombre dos veces en la vida y era todo un misterio para mi. El mensaje era simple y claro: Rose volvía a Canadá y ella se ocupaba de su tratamiento y de la educación de “su hija”. Lo curioso era que aún cuando hablaba de mi madre, éstas no iban dirigidas a ella, sino a mi padre. Él lo supo todo este tiempo. Supo que había alguien dispuesto a hacerse cargo de los gastos y cuidados que necesitaba y sin embargo dejó que empeorara, se aferró a su trabajo mientras la veía desaparecer; ¿Cómo pudo ser tan egoísta?
Prudence se sorprendió al saber que fui yo quien respondió las cinco cartas, halagando mi sensatez. Contarlo en casa fue lo más difícil. Mi madre se quedó observando las manos sobre su regazo, torciendo sus labios al saber que yo acababa de infringir una de las reglas tácitas de casa. Mi padre sólo gritó y se fue al faro, supongo que a beber con el viejo Oliver, el único capaz de soportarle en momentos como aquel, no regresó hasta el día siguiente.
Fue una puñalada a traición, lo sé; pero esta no es una historia donde yo debo elegir bandos. No tengo por qué quedarme sentada si puedo ayudar, si hay más posibilidades. Ella no ha dejado de luchar y yo tampoco.
Cuando volvió pude hablar con él, no sin antes servirle un café bastante cargado. La mesa de negociaciones se cerró a mi favor, por fin la decisión estaba tomada.
Mi madre y yo llegaremos a casa de mi abuela dentro de una semana.
Ficha
Antes de hablar de Arewyna con propiedad es necesario contar brevemente la historia de sus padres.
Rose Lowry provenía de una familia pudiente, con un estatus social envidiado por muchos. Alphonse Von Dänken hijo de una costurera y un poeta. Juntos eran el retrato de un viejo romance de película, donde la delicada muchacha dejaba su hogar en busca de aventuras, para toparse con un humilde fotógrafo que viajaba por la misma razón. Se enamoraron al instante y eligieron Noruega como nuevo hogar.
Los años pasaban sin remedio. La familia de Rose no vio con buenos ojos la relación y mucho menos su nueva vida, pero ellos eran felices. Dicha felicidad no hizo más que aumentar cuando Arewyna llegó al mundo un doce de febrero. Los contratiempos dada la frágil salud de la madre parecieron valer la pena cuando la pareja pudo ver a la pequeña.
Durante un par de años el matrimonio vivio con relativa paz, pero la salud de Rose parecía no mejorar. El dinero escaseaba, cada vez se necesitaban más medicamentos y las condiciones se endurecían. Cuando Pam tenía tan sólo ocho años, su padre decidió aceptar un puesto en un barco pesquero, que si bien apenas le dejaba estar en tierra firme, al menos le daban el dinero suficiente para que su esposa e hija vivieran. Así pues, la pequeña tuvo que madurar demasiado rápido, teniendo que hacerse cargo del pago de las facturas, la compra de medicinas, alimentos y demás ya que poco a poco su madre se volvió incapaz de si quiera salir de casa, desmejorando poco a poco hasta el punto de perder la audición para sorpresa de los médicos.
Pam no disfrutó realmente de su niñez y mucho menos de su adolescencia, toda su energía iba destinada al binestar de su madre, de quien heredó aquellas ansias de aventura y ganas de viajar por el mundo. Nunca tuvo demasidos amigos, no le gustaban los grupos grandes de gente y prefería huir hacia el puerto cada vez que tenía la oportunidad.
La situación con su madre se volvió crítica y la desesperación les obligó a contactar con los Lowry, quienes habían dado la espalda a su querida Rose. Se hizo un trato, una especie de contrato que Arewyna fue la primera en aceptar decidida a no perder a su madre: Rose y Pam vivirían con aquella familia, se proporcionaría todo el dinero necesario para los cuidados de la mujer siempre y cuando Alphonse se mantuviera alejado. Entonces se dio el viaje a Canadá; Alphonse iba de vez en cuando, mientras que Pam se adaptaba a su nueva vida, una vida que no le pertenecía.
Un año fue lo que duró y varios viajes a distintos hospitales: Rose, ya sin fuerzas, abandonó este mundo.
Pam se mudó a Alemania con una beca universitaria, abandonando todo recuerdo doloroso.
La beca ofrecida por la Universidad de Heidelberg fue entonces una bendición. No dudó ni un sólo segundo en abandonar Canadá, y una vez establecida en Europa las cosas parecían mejorar; era la primera en su clase, compartía un piso y vivía con relativa comodidad, manteniéndose tan ocupada como podía para evitar pensar demasiado en la muerte de su madre. Y todo habría seguido así de no haberse visto involucrada en una manifestación estudiantil que le costó la beca y parte de su libertad, viéndose obligada a volver a Canadá pero sin aceptar la ayuda de su abuela materna por puro orgullo y sin mantener contacto con su padre, quien volvería a casarse y a formar otra familia.
Arewyna, o Pam que es como prefiere ser llamada, es terriblemente perfeccionista, orgullosa y competitiva. Caracterizada por su independencia e inteligencia suele obedecer a la lógica más que a sus instintos -cosa que no sucede cuando pierde la paciencia- y prefiere esconder sus sentimientos tras una armadura de ironía y sarcasmo. Es un poco anticuada en cuanto a gustos se refiere, como si hubiese sido sacada de una fotografía de los años 50’s. Sin embargo, a pesar de su aparente frialdad, es una aventurera, coleccionista de mapas y emociones que sueña con recorrer el mundo con sólo una mochila. Ama la fantasía en secreto aunque su escepticismo forzado termina por ocultarlo. La literatura, filosofía, el arte y la música son su mayor interés y podría pasarse horas hablando de ello. Debido a cierto trauma de su pasado tiene una irrefutable aversión a “los populares” que únicamente disminuyó tras su graduación del instituto.
